Calor hacía antes el mismo que ahora, siempre ha hecho calor en los veranos de Andalucía. Pero antes que no había aparatos de aire, que los ventiladores removían los aires calientes, que la flama se adueñaba hasta del último rincón de la casa…, nos hacíamos mejor a las altas temperaturas con un búcaro de agua fresquita y un par de tajadas de sandía. Bueno, no sé si es que estábamos más acostumbrados al calor, o que no nos quedaba más remedio, porque yo hoy sería incapaz de conciliar el sueño sin el aire acondicionado…
La playa se quedaba para las películas de Manolo Escobar, que en Lora teníamos el arroyo Helecho, los canales de riego, el Charco del Infierno…, y la Piscina Municipal, nuevecita ella.
Allí nos íbamos la chavalería cada tarde a remojarnos. Yo, que entonces no sabía nadar (ahora sólo sé flotar), ni me acercaba “por lo hondo” (los cuatro metros, decíamos). Todo lo que no fuera tocar el suelo con los pies me producía terror.
Bien en el bañador o en la muñeca a modo de pulsera, nos colgábamos “la ficha”, que no era sino una pieza circular de plástico con un número grabado. Ese era el número de la percha del guardarropas donde se supone que estaba tu vestimenta de calle. Y digo “se supone” porque no pocas veces te daban al salir las ropas de otro, que ni te estaban bien ni te gustaban.
Nosotros, los chavales de mi quinta, no llevábamos más dinero que lo justo para la entrada, primero porque no se nos fuera a perder y segundo, y más contundente, porque no teníamos más. Por eso no nos podíamos permitir tomarnos un coca-cola, nos conformábamos con saciar la sed en la fuente del agua “del tiempo”.
Una vez fui con un amigo ¡Madre mía, qué hambre tenía yo ese día! El primo de este amigo mío le ofreció un bocadillo y un paquete de patatas. Mi amigo, ni corto ni perezoso los cogió y se los comió, y ni uno ni el otro me ofrecieron, con el hambre que yo estaba pasando nada más que de mirarlos comer como cerdos. La vergüenza me impedía atreverme a pedirles nada.
Habrán pasado ya más de treinta años, y los dos siguen siendo amigos míos. Nunca les he recordado aquél detalle, no merece la pena.
Pero me quedo con aquellas tantas tardes de baños al sol y descansos a la sombra, de los críos chapoteando en la piscina infantil, de los chavales haciéndose los “tarzanes” para llamar la atención de las muchachas casaderas, las madres disponiendo las tortillas de papas y los melones de la fiambrera, los papás (el que iba) fumando lejos de su señora comentando lo buena que está ésta o aquélla…
Al caer la tarde se desvanecía aquel oásis en mitad de la Avenida de la Cruz y la piscina se quedaba sola.
Como en los grandes acontecimientos, seguro que ahora ustedes refrescarán más de un recuerdo de aquellos días para combatir este calor…
Natural de Lora del Río, en cuya antigua calle Hospital nació al final de la primavera de 1962. Pasó toda su infancia y juventud en el barrio San José. Comenzó sus estudios en el que fuera centro "Ramón y Cajal", en el edificio que más adelante sería, entre otros, Oficina de Empleo y actualmente Centro Ocupacional de Minusválidos. De ahí pasó a San José de Calasanz (de donde dependía aquél centro). Ahí vio sustituir en las aulas el retrato de Franco por el de Juan Carlos I. En 1977 inició la Formación Profesional Administrativa y Comercial, obteniendo el título de Oficial en 1984. Fue en ese periodo cuando entró en contacto con el mundo del periodismo. Primero fue la revista deportiva "Estadio" (1980) que él mismo vendía "a la voluntad" en el descanso de los partidos que jugaba en casa el Lora C.F. Luego "La Voz de Lora" y la primera "Radio Lora FM". Sería en Radio Lora "la Radio Nuestra" donde consolidaría su afición y la convertiría por muchos años en su principal ocupación. También participó periódicamente en medios como Radio Popular de Estepa, Diario ABC, Televisión Vídeo Muralla, Radio Marisma, Boletín Desarrollo Sostenible, etc. En 1991 pasó a depender laboralmente de la ONCE, pero nunca abandonó su dedicación al periodismo. Así, en 1995 compartió con Antonio Oliveros Rincón el nacimiento del periódico mensual independiente de Lora "La Radio de papel", donde escribe ininterrumpidamente desde entonces. En 2003 fue nombrado Director de la Agencia Administrativa de la ONCE de su pueblo natal, Lora del Río, si bien su residencia la tiene fijada en San José de la Rinconada desde el año de la Exposición Universal de Sevilla. En Lora también ha sido Pregonero de la Semana Santa (1990), primer Secretario de la Hermandad de la Borriquita (1987-1991), autor del Pregón Popular del Gremio de la Juventud (1988), socio de ACAL (desde 1987), Vocal de la Junta Directiva del Lora C.F. (1981)… Ha escrito dos libros: "Sólo Sentimientos" y "La Última Voluntad de Dios". Está casado y tiene cuatro hijos. Y ha plantado un olivo…