A veces, en la tierra un grupo de afortunadas personas tienen la suerte de encontrarse con un ángel. Unos cuantos elegidos, entre los que me encuentro, hemos tenido la suerte de toparnos en nuestras vidas con Menchita. Su carácter extraordinario se revela ya en su piel, el color de sus ojos, el rizado de su pelo y su risa, pero sobre todo por atesorar enormes virtudes y saber desparramarlas a su alrededor.
Faltan calificativos grandes para decir lo que cabía dentro de mi amiga, porque era alegre y transmitía alegría a quien estaba a su lado; el significado de la palabra generosidad no basta para explicar su desprendimiento de todo lo suyo para los demás; porque ella no compartía sino que daba por entero lo que tenía, ¿Quién no tiene siquiera un regalo de Menchita?; nadie sufrió nunca una afrenta de ella porque era pacífica en extremo, y poseía además una superlativa capacidad de discreción de comprensión y de amor.
Por eso quienes hemos estado a su lado en algún momento de nuestra vida nos sentimos especiales, bienaventurados, elegidos de entre los demás porque, no todo el mundo es madre, hermano o hijo de un ángel, o su sobrino o su cuñado, ni ha tenido a un ser celestial por amigo o compañero de trabajo.
Nuestras estresadas y avariciosas vidas, en poco o en mucho se han transformado al conocer a Menchi, porque a todos nos ha llegado su forma de vivir, esa manera de entender el mundo solo propia de excepcionales seres extraordinarios.
Pero hoy, nosotros, los privilegiados de la tierra que la conocimos, sentimos dolor en el dolor, honda tristeza por su pronta muerte y envidiosos estamos de los demás Ángeles y Santos del paraíso que disfrutan de su presencia.
Y como ya dijese Miguel Hernández a su amado amigo muerto, hoy siento más tu muerte que mi vida y quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte, porque te has ido muy pronto Menchi y tenemos que hablar de muchas cosas, amiga, compañera del alma, compañera.

MARIA DEL CARMEN BAUTISTA FERNÁNDEZ.
Nací en Lora del Río el domingo 27 de enero de 1963. Hija de Angela Cepeda y Eligio Hernández, el losetero. Soy la segunda de 4 hermanos. Estoy divorciada y tengo dos hijos. Estudié en nuestro pueblo EGB, en el Colegio Nuestra Sra de las Mercedes y BUP y COU en el INB Guadalquivir. En 1988 me licencié en Derecho por la Universidad de Sevilla. Además he hecho varios cursos de distintas materias. En el año 1992 me colegié como abogada en el Ilustre Colegio de Sevilla y desde entonces ejerzo ininterrumpidamente esta profesión teniendo despacho abierto en Lora del Río. Como hecho histórico favorito destaco la transición española -del franquismo al estado de derecho- y más aún las primeras elecciones democráticas que tuve la gran suerte de vivir, llena de buenos ideales, en plena juventud. Creo en Dios y en un mundo nuevo. Por lo primero he perdido amigos, por lo segundo me han llamado ilusa. En Febrero de 2007, en la Roda, Emilio Cano me ofreció trabajar por ese mundo nuevo desde el Partido Popular y yo acepté. Ahora – y hasta nuevas elecciones- soy Concejal, en la oposición, del Ayuntamiento de Lora del Río.