El Pleno del pasado 25 de septiembre se presentaba como un Pleno tranquilo y sin sobresaltos y de hecho en el desarrollo de los puntos del día, no hubo incidencia digna de destacar, pero a la hora de contestar por parte del equipo de gobierno a los Ruegos y Preguntas formulados por la oposición, que por cierto las formuló con el debido respeto, la situación se salió de madre llegando a límites impropios para algunos de los dirigentes municipales.
Así, el Sr. Alcalde, ya al final de esos Ruegos y Preguntas, tras una intervención no exenta de tono intimidatorio, nos recuerda que los que estamos en oposición no hemos ganado las elecciones y ellos sí, además con mayoría absoluta, que no se nos olvide, aunque él sí olvida que mayoría absoluta en un país democrático no es totalitarismo político, y que nosotros efectivamente, no hemos ganando el gobierno municipal pero sí hemos ganado la oposición a ese gobierno y la tenemos que ejercer como es nuestra obligación. Lo que no procede es que nuestra legítima actuación se torne por parte de algunos del equipo de gobierno en ataque personal y directo al concejal opositor interviniente. Ejercer oposición en Lora del Río es convertirse en enemigo personal de los dirigentes municipales y como a tales enemigos, da la impresión de que, si pudieran, nos eliminaban para así poder gobernar en estado totalitario; un único partido, sin nadie en frente.
Considero que, contrariamente a lo que nos dice el Sr. Alcalde, no nos equivocamos ejerciendo nuestra oposición. Otra cosa es que no la ejerzamos como él desearía, tal que si fuésemos aquellos perritos de las postreras de los vehículos que, ante cualquier movimiento del equipo de gobierno, tan sólo moviésemos la cabeza en sentido afirmativo, mudos, ante su actuación. Eso, no puede ser.
Y la censura. Tras el caso de Miguel Sebastián, desde el gobierno de Lora del Río, se nos limita la información a las lindes del reglamentismo más estricto, con ello se está dificultando enormemente (aún más) el trabajo de la oposición y la transparencia de la gestión política, a la papelera, sin más.
Y, en cuanto a las responsabilidades políticas del caso Miguel Sebastián, desde la oposición, tenemos que exigirla. No queda otra. Cuando preguntamos al respecto, la respuesta, -como no podía ser de otra forma en estos tiempos que vivimos- es que nadie sabía nada. Ni el cuñado Sr. Navarro, ni la Concejal de Personal, ni el Alcalde –de quien dependía directamente Miguel Sebastián- dicen saber nada del caso (¿alguien se esperaba otra cosa?). Ante el hecho, no negado por el equipo de gobierno, de que Miguel Sebastián no iba a trabajar al Ayuntamiento, se argumenta que era “personal eventual de confianza” y que esto es equivalente a que el personal tenga la confianza de acudir a trabajar eventualmente cuando él quiera; y como en la oposición no comulgamos con ruedas de molino, no nos podemos tragar esa insólita explicación y se nos contesta “usted no se entera Sra Pasadas, no se quiere enterar” y “tenga usted cuidado que se va a meter en un lio”, y se le repitió otra vez “tenga usted cuidado”, y también “usted miente”, expresiones éstas hechas por el concejal Sr. Navarro, cuñado de Miguel Sebastián.
Y, en política quien asume los derechos de gobernar en mayoría (absoluta además, como nos recuerda el Alcalde) también ha de asumir las responsabilidades que se generen y tanto la Sra Concejal de Personal como el Sr. Alcalde tenían obligación de saber lo que pasa con sus trabajadores, sean eventuales de confianza o no, por lo que, si lo sabían mal pero el “yo no sabía nada”, desde mi particular punto de vista, no basta para eludir su responsabilidad.
Y como no somos lelos a nadie se le escapa que, si verdaderamente Miguel Sebastián también los hubiera sorprendido a ellos, la reacción hubiera sido otra muy diferente a la de atacar a quien lo ha descubierto, que es lo que están haciendo.
E insisto y por último, sólo cumplimos nuestra obligación, no tenemos intención de hacer leña del árbol caído a pesar de que, de esa leña se pueda hacer una buena candela.
La nota de mi compañero Miguel Sebastián ante su dimisión es un atrevimiento, una desfachatez y un insulto a la inteligencia del loreño.
Porque resulta que mi compañero durante años y a sabiendas, ha estado ejerciendo la abogacía a título particular y en el turno de oficio y, a la vez, cobrando del bolsillo de todos los loreños su sueldo como asesor particular del Alcalde del Exmo Ayuntamiento de Lora del Río y eso no lo permite la ley, está prohibido.
Cualquier otra persona, en cualquier otro lugar se hubiera ido del pueblo de noche y con las orejas gachas y no es que quiera eso para mi compañero, pero entiendo que una vez descubierto, Miguel Sebastián, debería haber optado por dimitir y callar, actitud que, dado los tiempos que corren sería –sin deber serlo- de considerar, y no emitir, con imperdonable arrogancia, esa nota pretendiendo despedirse con honores porque, hombre!, hasta ahí podíamos llegar.
Y es que, como no somos tontos, a todos nos alcanza comprender (y vamos a dar por ciertas las cantidades que él mismo aporta) que con 47 euros mensuales no se puede vivir, por lo que Miguel Sebastián, para ejercer de prohombre en beneficio de los más desfavorecidos tiene que comer de otro emolumento, cual es, en este caso, de su sueldo del Ayuntamiento. En otras palabras, mi compañero ha ejercido de abogado-hombre bueno en el turno de oficio en las horas que los loreños le hemos retribuido y que tenía que trabajar para Lora, cobrando además de la Junta de Andalucía el turno de oficio (reitero, me voy a creer que son 47 euros mensuales), y aún por encima quiere que los de Lora le admiremos como héroe que ayuda a los desvalidos. Pues no. ¿No os recuerda su pretensión al legendario Robin Hood que ayudaba a los pobres con el dinero de los ricos?… pero, en este caso, la gran diferencia es que los loreños no somos nobles ingleses a quienes los caudales nos salen por las orejas y Miguel Sebastián pretende hacerse el héroe con nuestro dinero.
Por más que leo la nota, la verdad, no me queda claro el porqué de su dimisión ya que se exponen tres razones sucesivas: la primera, la presión mediática o del PP, presión que en ningún momento se ha ejercido, que no existe, pero que si él la indica como causa de su dimisión, habría que concluir que, si no la sintiese, seguiría, a pesar de los pesares, haciendo lo que ha hecho; la segunda, por razones de “coherencia personal” y “ética”, repito “ética”; y la tercera, la más creíble de todas, por no debilitar al Alcalde, o su equipo de gobierno, (¿no procederá de ellos la presión que Miguel Sebastián siente?) razón ésta comprensible pero que, considero, no va a poder evitar porque uno y otro sabían y consentían la ilegalidad que se estaba cometiendo y entiendo que, además de Miguel Sebastián, alguien del gobierno municipal tendrá que responder.
Y por último, aunque no lo parezca y sé que mi compañero Miguel Sebastián lo sabe, en todo esto no hay nada personal. Nuestras obligaciones políticas nos ponen en la tesitura de cumplir con aquello a que nos comprometimos y el PP, como grupo de la oposición, está para controlar, criticar y cuidar de la gestión del equipo de gobierno. Malos políticos y malas personas seríamos si dejásemos pasar y corriéramos un tupido velo ante asuntos como el que ahora tratamos. Y considero que Miguel Sebastián, buen abogado –me consta- y fiel político del PSOE, no hubiese hecho menos si la situación hubiese sido al contrario.
Detesto que se justifique el trabajo mal hecho con que otros también lo hicieron mal. Quizás sea porque en mi trabajo, en el derecho, para justificar la comisión de un delito de nada me serviría alegarle al Juez que otros también lo cometieron, o porque, en buena crianza, nunca me permitieron -ni permito a mis hijos- excusarse de las malas acciones con “es que él también lo ha hecho mal”. La defensa de lo mal hecho debe ir por otros derroteros y muchas veces no tiene defensa.
Pero parece que en política no es así. Desde que trabajo en ella he observado que, en muchas ocasiones, la argumentación más sólida que el concejal gobernante de turno alega –a veces con cierta soberbia- para justificar su mala labor es que los anteriores gobiernos municipales también lo hacían mal. Y ya está; como no hay ni jueza ni madre, al de turno (a mí no) le vale eso como excusa y punto.
En el debate sobre presupuestos que se tuvo ayer día 31 de Julio en el Pleno del Ayuntamiento, las réplicas que la Sra Concejal de Hacienda traía preparadas para defender su trabajo ante las críticas de la oposición (amén de frases lapidarias como la de que quien no dé el sí a sus presupuestos quiere “negarle el pan y la sal a los loreños”), se basaron principalmente en la comparación de los actuales presupuestos con los que hizo el Partido Popular cuando gobernaba en coalición en Lora del Río allá por el año 2002 y otros. Traía elaboradas las comparativas de diferentes partidas presupuestarias, de las fechas de presentación del documento al Pleno y de datos de aquellos presupuestos antiguos que, puestos al lado de los que ahora se debatían llevaban a la conclusión de que son muy parecidos y que, en consecuencia, no estarán tal mal los de ahora cuando son prácticamente iguales a los que hizo en su día el Partido Popular.
Pero lo que acaba revolviéndome en el incómodo asiento desde el que escucho tanta memez es que, a reglón seguido se diga que los presupuestos que se presentan tienen “carga ideológica”, (socialista, se entiende), porque, si resulta que son iguales a los que hizo el Partido Popular, se ha de concluir que, sin duda, los socialistas loreños tienen la misma ideología que los Populares y que, los presupuestos del Partido Popular, desde hace años, acogen políticas tan sociales y progresistas como las del Partido Socialista Obrero Español.
Nací en Lora del Río el domingo 27 de enero de 1963. Hija de Angela Cepeda y Eligio Hernández, el losetero. Soy la segunda de 4 hermanos. Estoy divorciada y tengo dos hijos. Estudié en nuestro pueblo EGB, en el Colegio Nuestra Sra de las Mercedes y BUP y COU en el INB Guadalquivir. En 1988 me licencié en Derecho por la Universidad de Sevilla. Además he hecho varios cursos de distintas materias. En el año 1992 me colegié como abogada en el Ilustre Colegio de Sevilla y desde entonces ejerzo ininterrumpidamente esta profesión teniendo despacho abierto en Lora del Río. Como hecho histórico favorito destaco la transición española -del franquismo al estado de derecho- y más aún las primeras elecciones democráticas que tuve la gran suerte de vivir, llena de buenos ideales, en plena juventud. Creo en Dios y en un mundo nuevo. Por lo primero he perdido amigos, por lo segundo me han llamado ilusa. En Febrero de 2007, en la Roda, Emilio Cano me ofreció trabajar por ese mundo nuevo desde el Partido Popular y yo acepté. Ahora – y hasta nuevas elecciones- soy Concejal, en la oposición, del Ayuntamiento de Lora del Río.