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    ESTAS PUTAS DE AHORA

    17.07.2012

    Permalink 12:42:52 por Fidel Prieto, Categorías: Mis Artículos

    ESTAS PUTAS DE AHORA

    ESTAS PUTAS DE AHORA
    Adaptación realizada por Fidel Prieto de “AQUELLAS PUTAS DE LORA” por Juan Cervera Sanchís.

    Entre los recuerdos de esta legislatura, en Lora, tengo y tendré muy presente, aunque parezca raro, el de las putas. Las putas, al inicio de este año, adquirieron un imperioso protagonismo. Tienen para nosotros una aureola fantástica y cuando oímos hablar a algunos de las casas de putas, hay en Lora una muy famosa, que se llama Pleno, ardemos en deseos de conocerla.

    La verdad es que desde el principio las conocimos y fue para nosotros un tanto fabuloso. Esta casa de putas es un lugar muy divertido, tiene la magia de los elegidos con un cierto aire de libertad, aunque en realidad, como ocurre con el alcohol y las drogas, son, en el fondo de la cuestión, un espejismo más, de tantos con los que la vida suele jugar con nosotros.

    No obstante, en este círculo cerrado de nuestra Lora, donde masturbarse es pecado, según los curas, al parecer enemistados con la alegría natural de la vida, algunos políticos hacen las veces de putas, en contra de los intereses de esta sociedad, y representan las miserias del vivir, ya que en cierta manera, intentan ser envidiados viviendo como Dios, y para vivir como Dios, son capaces de venderse con todas sus consecuencias.

    Desde entonces no experimento ninguna simpatía ni respeto por este tipo de putas, pues hasta donde las conocí y las conozco, nunca me merecieron un excesivo respeto. Sin duda mucho menos respeto que el que puedo sentir por los curas o los guardias civiles.

    Es por eso que después de tantas putadas de unos y de otros me he propuesto aquí y ahora cortarles un traje a estos políticos-putas de Lora, de los que todos nos acordamos, y que afortunadamente no tienen una calle o una plazoleta a su nombre y menos una estatua en nuestro querido y entrañable pueblo: Lora del Río.

    Espero que nuestros historiadores no hagan ni un escrito sobre ellos. Ellos, nuestros notables, preciosos e ilustres políticos-putas, deben permanecer en los subterráneos del olvido, puesto que es lo más justo.

    Vivos en mi memoria, contra quienes por nada del mundo quieren acordarse de ellos, permítanme a mí, ya que hoy dicen que hay libertad de expresión y de pluma en nuestro pueblo, eso quiero creer, al igual que en toda España, hablar de algunos de estos políticos putas y de la casa en la que trabajan y regentan.

    Entre ellas, se me viene a la memoria, hablando de regentas el Vicente, una señor de pelo lacio, poco espabilado, de nariz puntiaguda y de carácter algo estúpido, dueño de IU, y que hasta hace poco se escondía en el polígono a la salida de Lora por la carretera de Alcolea.

    IU era un lugar serio, donde había siempre una docena de propuestas y, a más de poder debatir con ellos de política, se podía trabajar para Lora a pesar de Reinoso, político de poca planta y muchas orejas y protegido ahora del Vicente, a los que yo les quito desde ahora el título de Don, pues carecen, de puridad a la verdad, lo que resulta ser una penosa torpeza humana.

    Otra casa de putas, y de mayor categoría que IU, es el PSOE, una mano de piel blanca y una rosa algo pasada de soberbia.

    Estas casas, se unieron a la de Nogales y Álvaro Haro, haciendo ahora frente común en el Gobierno Local. A Nogales le gusta la vida alegre y la pasta. Álvaro Haro, tiene barba a lo Lincoln y poco pelo, ya bastante maduro va de sobrado y de alma bella.

    Con estas putas sólo se puede hablar de las cosas de la vida como el dinero. Poco señores, en verdad, pues están faltos de escrúpulos y finura. Mienten desgarradoramente por una nómina. Son unos artistas, en el sentido esencial de la palabra, y es que se le llama artista a cualquiera, en desprestigio de tan hermoso vocablo.

    Álvaro Haro grabó en mi mente la letra de una frase, mintiendo por soleares, que mil veces escuché decir a todos estos políticos de pacotilla:

    “Yo no me vendo por na. A esta gente hay que echarlos que no valen pa na. Yo nunca miento. Chupa chupa que yo te aviso”

    Desde la primera vez que escuché lo del pacto me estremecí de pies a cabeza y Haro perdió todo mi respeto y, en general, todos los políticos-putas, aquellos tipos, que por los avatares de la vida, hacen de la política una profesión, que nada tenía, ni tiene, de vocacional, sino más bien una forma de vivir, para la que hay que tener un estómago de hierro y mucho más morro y desvergüenza que el más grande de los pillos, puesto que es mucha la recompensa económica aunque poca la gloria que esta otra profesión tiene para quienes la ejercen con malas artes y gran ambición.

    Estas putas jamás cortarán las orejas de los animales que lidian y mucho menos las patas y el rabo o las “pichas” de su variopinta clientela si no es por una nómina. Aunque siempre contarán con un público que les brinde sus óles y el frenesí de sus aplausos en forma de votos.

    No quiero ni acordarme, y lo hago haciendo de tripas corazón, y rebosante de rabia, de estas putas de ahora, aunque muy pocas de ellas son loreñas, ya que la putería tiene, un aire de extranjería y cosmopolitismo globalizador en su desenraizadas entrañas, y por eso les importa tan poco Lora.

    Vaya aquí y ahora, en momento y forma, este humilde y breve homenaje inesperado, pero más que merecido, a estas putas de Lora, que apestan a podredumbre política, a falta de principios y a poca honestidad.

    AQUELLAS PUTAS DE LORA por Juan Cervera Sanchís.

    Entre los recuerdos de mi infancia y adolescencia, en Lora, tengo muy presente, aunque parezca raro, el de las putas. Las putas, al inicio de nuestra pubertad, adquirieron un imperioso protagonismo. Tenían para nosotros una aureola fantástica y cuando oíamos hablar a algunos adultos de las casas de putas, había en Lora varias muy famosas, ardíamos en deseos de conocerlas.

    La verdad es que desde muy joven las conocimos y fue para nosotros un tanto fabuloso. Las casas de putas eran lugares muy divertidos, tenían la magia de lo prohibido y un cierto aire de libertad, aunque en realidad, como ocurre con el alcohol y las drogas, fueran, en el fondo de la cuestión, un espejismo más, de tantos con los que la vida suele jugar con nosotros.

    No obstante, en aquel círculo cerrado de aquella Lora, donde masturbarse era pecado, según los curas, al parecer enemistados con la alegría natural de la vida, las putas, contra los prejuicios imperantes en aquella sombría sociedad, representaban la libérrima alegría de vivir y, en cierta manera, eran las verdaderas enviadas de Dios, es decir, del verdadero Dios, el creador de la vida con todas sus consecuencias.

    Desde entonces experimenté una simpatía y respeto especial por las putas, pues hasta donde las conocí y las conozco, me merecieron siempre un profundo respeto. Sin duda mucho más respeto que el que podía sentir por los curas o los guardias civiles.

    Es por eso que después de tantos años transcurridos me he propuesto aquí y ahora rendirles un homenaje a aquellas putas de Lora, a las que pocos recordarán, ya que yo sepa no tienen una calle o una plazoleta a su nombre y menos una estatua en nuestro querido y entrañable pueblo: Lora del Río.

    Tampoco recuerdo que nuestros historiadores hayan escrito sobre ellas. Ellas, nuestras notables y preciosas putas, permanecen en los subterráneos del olvido, lo que no es justo.

    Vivas en mi memoria, contra quienes por nada del mundo quisieran recordarlas, permítanme a mí, ya que hoy sí hay libertad de expresión y de pluma en nuestro pueblo, eso quiero creer, al igual que en toda España, recordar a algunas de aquellas putas y las casas en que trabajaron y regentaron.

    Entre ellas, se me viene a la memoria, hablando de regentas La Vicentilla, una dama de tez morena, vivaracha, y de regio carácter, dueña del Bar Candil, que se encontraba a la salida de Lora por la carretera de Alcolea.

    El Bar Candil era un lugar divertido, donde había siempre una docena de amables muchachas y, a más de poder departir con ellas un botellín de aguardiente, se podía bailar una pieza musical bajo las notas del acordeón de El Sándalo, el músico del planta y protegido de La Vicentilla, a la que yo le doy desde ahora el título de Doña, pues poseía, en puridad a la verdad, valiosos dones humanos.

    Otra casa de putas, y de mayor categoría que El Bar Candil, era la de La Pizota, una matrona de piel blanca y sonrosada, y algo pasada de peso.

    Esta casa, como la de La Bizca, y la de Mercedes estaban en El Llano, frente a la vía del ferrocarril. La Bizca era muy alegre y de trato cordialísimo. Mercedes, blanca como el armiño y de pelo rubio como el trigo maduro, era un alma bella.

    Con ella se podía hablar de las cosas de la vida y del arte. Gran señora, en verdad, rebosaba sentimiento y finura. Cantaba desgarradoramente por soleares. Era una artista, en el sentido esencial de la palabra, no como hoy que se le llama artista a cualquiera, en desprestigio de tan hermosa vocablo.

    Mercedes grabó en mi mente la letra de un cante, por soleares, que jamás escuché cantar a nadie si no a ella y que jamás podré olvidar. Dice:
    “Entoavía guarda mi cama/ el joyito que ella dejó,/ la jorquiyita de su pelo/ y er peine que la peinó".

    Desde la primera vez que la escuché cantar me estremecí de pies a cabeza y creció mi respeto y admiración por ella y, en general, por las putas, aquellas mujeres, obligadas por los avatares de la vida, a ejercer una profesión, que nada tenía, ni tiene, de vocacional, sino más bien de encerrona fatalista, para la que había que tener una voluntad de hierro y mucho más valor y arte que el más grande los toreros, aunque sin la recompensa económica y gloriosa que esta otra profesión tiene para quienes la ejercen con arte y valor.

    Las putas jamás cortarán las orejas de los animales que lidian y mucho menos las patas y el rabo o las “pichas” de su variopinta clientela. Nunca pues contarán con un público que les brinde sus óles y el frenesí de sus aplausos.

    Me acuerdo con el corazón en los labios, y rebosante de gratitud, de aquellas putas de Lora, aunque muy pocas de ellas eran loreñas, ya que la putería tenía, y sigue teniendo, en todas partes, un aire de extranjería y cosmopolitismo globalizador en su desenraizadas y sufridas entrañas.

    Vaya aquí y ahora, aunque tarde y a destiempo, este humilde y breve homenaje inesperado, pero más que merecido, a aquellas putas de Lora, que olían a dolor y resaca de posguerra y a dictadura inmisericorde.

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    Nací en Sevilla en el Hospital Virgen del Rocío, el día 01 de Noviembre de 1977 a las 8 de la mañana, día de Todos los Santos, y desde entonces hasta los catorce años viví en Setefilla, pueblo de colonización a siete kilómetros de Lora del Río, tras el fallecimiento de mi padre cuando yo tenía esta edad, nos trasladamos a Lora. Mis abuelos eran emigrantes granadinos que por circunstancias de la vida acabaron en Lora del Río. Mis padres también nacieron en Granada y acabaron instalados en este pueblo de la Vega del Guadalquivir. Mi abuelo paterno fue encarcelado 8 años por el régimen franquista, y tras cumplir esa condena, acusado de rojo, fue desterrado de su pueblo natal, allá por la sierra norte de Granada, un pueblecito llamado Tiena que pertenece al partido judicial de Moclín. Mi abuelo se llamaba Agapito, un tío mío también se llama así al igual que uno de mis hermanos. A mi familia, bastante extensa a día de hoy, se nos conoce como los Agapitos o los Prietos. A mi padre, a pesar de llamarse José, también lo conocían por el nombre de mi abuelo. Soy el pequeño de doce hermanos, estoy casado y actualmente vivo en Sevilla, donde trabajo. Tras mis estudios de E.G.B. en el C.P. Reyes de España, Bachiller y C.O.U. en el Instituto Guadalquivir de Lora del Río, comencé la carrera en Córdoba, pero al año siguiente me trasladé a Sevilla, donde me Licencié en Derecho en 2002, siendo de la Primera Promoción de esta Carrera en la Facultad de Derecho de la Universidad Pablo de Olavide. También soy Técnico Superior en Prevención de Riesgos Laborales y Formador Ocupacional. Durante mi adolescencia y después, mientras estudiaba la carrera, siempre me quejaba de que en mi pueblo no “NO HABIA NA”, y tras terminar la carrera de Derecho, mis inquietudes me llevaron a acercarme a la política, porque es desde ésta, desde donde se pueden cambiar las cosas y el medio ideal para llevar a cabo las ideas que a cada uno le parecen más justas. Mi ideal político me hizo acercarme al PSOE, donde milité durante 4 años y fui durante dos años aproximadamente Secretario de Política Municipal. Tras presentar mi dimisión por discrepancias con la dirección política de esta formación en Lora del Río, no desistí en el empeño de que cambiar mi pueblo es posible, y me embarqué en un nuevo proyecto al que me invitaron a participar, se llamaba L I S, LOREÑOS INDEPENDIENTES, personas con el único ánimo y fin de hacer crecer el pueblo en el que vivimos. Actualmente soy el Presidente de esta formación política, cargo que desempeño con mucho honor y orgullo. Con tan sólo dos meses de vida del LIS, nos presentamos a las Elecciones Municipales de 2007 y conseguimos que casi 800 personas creyeran en nosotros como una alternativa seria de futuro para este, nuestro pueblo. La lista la encabezó ALFONSO MORALES NAVARRO, actualmente concejal del Ayuntamiento, al cual acompañé de número dos en las pasadas elecciones municipales. Sigo creyendo que cambiar es posible, que se puede mejorar el mundo en el que vivimos y mi labor dentro y fuera del partido al que pertenezco, es la de mejorar y luchar por los intereses de nuestro pueblo.

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