La VOZ de LORA

Mayo 4th, 2008

Mi afición por el periodismo me viene de chico, desde que tuve mi primer transistor de radio y escuchaba los “partes” de Radio Nacional. Tendría yo unos diez u once años cuando me dio por apuntar las noticias más importantes que pasaban en España (las que se daban a conocer, claro). En otra libreta anotaba las canciones más famosas de aquellos tiempos y los intérpretes que las cantaban. Para ello me servía de la radio y del Discoplay, un catálogo que ponía a la venta por correo las novedades discográficas.
En 1980, un grupo de estudiantes me propuso participar con ellos en la elaboración de la revista mensual informativa “La Voz de Lora", con sede en la Casa de la Juventud.
Yo me encargué de la sección deportiva, que era lo que dominaba en aquél momento por estar muy vinculado a la directiva del Lora Club de Fútbol.
Pero no sólo hablaba de fútbol: también de baloncesto con el Lora CB (que jugaba en la Casa de la Juventud, precisamente), el voleibol, el balonmano… Y los primeros pasos del fútbol-sala loreño con equipos como el Tirones y Calambres, K-12, Loalpeca, Muralla, Jovis, Banupaje, etc.
En aquellos seis números que salieron a la luz se ofrecieron reportajes sumamente importantes: la actuación en el Teatro Cine Goya de Manolo Escobar, Paco Gandía, Josele y Pepe Da Rosa; la problemática puesta en marcha de la Cooperativa de látex “Ficus", la verdad sobre la Escuela Familiar Agraria y su posible vinculación al Opus Dei; la muerte en el río por contaminación de cientos de peces; el fallecimiento del portero del Sevilla Miguel Herrera Marzo; la lucha por la presidencia del Lora CF entre Enrique-Emilio Gómez y Luis Carrasco; la sequía y las heladas; las duras manifestaciones contra el paro…
Todo lo escribíamos a máquina y en papel cebolla. ¡Ojalá hubieran existido los ordenadores domésticos! Uno de los números lo elaboramos en las oficinas del Ayuntamiento. Recuerdo que terminamos a las tantas de la noche y nos fuimos a Alcolea en el Dos Caballos de Antonio J. Castillo a llevar a los compañeros de allí. No sé cuántos iríamos metidos en “la pava amarilla", pero estábamos apiñados, como en una prueba de esas de los récords. Y a Francisco Javier Maldonado se le ocurrió decir que allí olía “a golira", lo que, para más estrechez, provocó la risa tonta de los muchos pasajeros. Y es que, por encima de todo, aquello era pura diversión para nosotros.
Otros componentes que yo recuerdo fueron: Juan Lora, Manuel Parilla, Eloy Manzanares, Juan Antonio Sánchez, Sebastián Martín, Mª José Nieto…
La vida de la revista duró lo que nuestras posibilidades de ponerla en la calle. Con muy poca publicidad y un precio de 40 pesetas, las ventas no daban para más. Y nuestro tiempo de estudiantes, tampoco.
Una paella en los altos de La Portuguesa puso punto y final a este proyecto tan bonito que unió a un grupo de jóvenes en torno al que llamamos Grupo de Periodismo “El Madrugador", en honor a aquella otra publicación que regó las inquietudes de Lora treinta años antes que nosotros…

Aquellos partidos por la tele

Marzo 28th, 2008

El fútbol televisado se inventó, sin duda, para calmar tensiones sociales de la época. Bastaba un buen Barcelona-Real Madrid o un Sevilla-Betis, o una corrida de Curro Romero o Antoñete, para paralizar la actividad de más de medio país.
Yo me quedo con lo primero, el fútbol, y con algunos de esos encuentros que vi por la tele y que, por algún motivo, se colaron en la historia de mi vida.
El primero fue un Alemania-Holanda, final del primer Mundial que entró en el salón de mi casa. Jugaban leyendas como Cruyff o Torpedo Müller.
El muro aún seguía en pie, y dividía a las dos Alemanias: la Federal (la ?europea?) y la Democrática (la del Este).
En 1977 disfruté como pocas veces con el partido del Athletic de Bilbao-Real Betis, final de la primera Copa en honor al recién proclamado Rey de España. Ganó el equipo andaluz de los López, Esnaola, Megido, Eulate, Bizcocho? Creo que fue entonces cuando más me aficioné al escudo de las trece barras.
El 30 de noviembre de 1977, el profesor de turno en San José de Calasanz nos dijo que la clase la íbamos a dar en el comedor. Era en la segunda parte de la jornada, es decir, entre 3 y 5 de la tarde. Y en el comedor nos juntamos no sé cuántos críos para ver en la tele el partido entre Yugoslavia y España, valedero para la clasificación del Mundial de Argentina del año siguiente. Un gol del hispano-argentino Rubén Cano clasificó a nuestra selección, dejando fuera a los
yugoslavos (entonces una sola nación). Juan Gómez ?Juanito? (al que yo más admiraba), recibió un soberbio botellazo (¡de cristal!) cuando se retiraba camino de los vestuarios.
El siguiente partido con huella en mi memoria fue un Argentina-Brasil de aquel mundial del 78 donde se estrenaba el mítico balón Adidas Tango. Pero no lo recordaré por eso, sino porque ese 18 de junio de 1978, en mitad del encuentro, un suceso estuvo a punto de convertirse en una tragedia para mi familia. Al final todo quedó en un susto, pero tan grande que treinta años después aún nos llega su eco? Por cierto, el partido acabó con empate a cero, a pesar de que en el campo lucían figuras como Dirceu o Mario Kempes.
El 21 de diciembre de 1983, España se jugaba la clasificación para la Eurocopa de Francia. Para alcanzarla debía vencer por al menos 11 goles de diferencia a la selección de Malta. Y tuvo que ser en Sevilla, y en el Villamarín, donde se viviera la histórica gesta. Iban 11-1, faltaba un solo gol, y Señor, que había fallado antes un penalti, metió un golazo de un potente zapatazo y nos llevó hasta la Eurocopa. Fue aquella una de las pocas veces que mi padre me tuvo que reñir, porque yo gritaba y saltaba de alegría.
Precisamente esa Eurocopa de 1984 dejó otro partido memorable para mí. La final Francia-España la viví, junto a mis compañeros de Instituto, en el Hotel Pinito del Oro de Las Palmas de Gran Canaria, en pleno viaje fin de curso. Después de un campeonato inmejorable, perdimos la
final por 2-0. Por los galos jugaban Platini y Luis Fernández (ex entrenador del Betis), y por los españoles Arconada, Santillana, Lobo Carrasco, etc.
No crean que todos los partidos que echaban por la tele eran igual de interesantes. Los televisados de la Liga eran de mediocre interés. Se veían por Televisión Española (la única, con lo poco de la UHF) los sábados por la noche. Ni los narradores le ponían emoción, ni los partidos solían dar espectáculo. Las retransmisiones comenzaban con una marcha militar, muy al uso de los tiempos. Las repeticiones de las mejores jugadas de los demás partidos las echaban en Estudio Estadio,
el lunes por la noche, sin sonido ambiente, sino con música de jazz de fondo.
RTVE también retransmitía partidos de fútbol-sala de jóvenes, pero como eran centros escolares privados sólo lo disfrutaban los niños de una de aquellas dos Españas, los de la otra nos teníamos que conformar con envidiarlos en blanco y negro desde este lado de la pantalla