la cooperativa " FICUS "

Agosto 1st, 2008

Esto que voy a contar lo haré desde el punto de vista personal, sin tintes periodísticos…

Sería a finales de los 70 o los inicios de los 80. Llegué un día a casa (como siempre, claro) y me encontré sentados junto a mis padres a un señor y su hija que hablaban muy fino, por lo que deduje que de Lora no eran.
Según extraje de la conversación, aquel hombre recurrió a mi padre para que le ayudara a encontrar vivienda, ya que al parecer venía a nuestro pueblo para largo. Hablaba de su proyecto de fábrica como algo que daría un vuelco a la economía loreña en nada de tiempo.
Poco a poco fui conociendo que este señor, un tal Neyra, junto a otro, Eizaguirre, venían del País Vasco y traían la varita mágica contra el paro, el verdadero tapón del progreso en la reciente democracia.
Mi madre se esforzó por juntar las diez mil pesetas que hacían falta para inscribirme en la Cooperativa, a la que llamarían “Ficus” y que se encargaría de la elaboración de productos derivados del caucho y del látex. Yo sería uno más de los no sé cuántos cientos y cientos de loreños que se iban a reír del “paro obrero".
Los menores de edad tenían que llevar un papel notarial autorizando la “emancipación", palabra casi desconocida hasta entonces pero que se nos hizo muy familiar.
Las primeras asambleas las hicimos en el Salón “Taurino", en la Alameda del Río. Lleno a rebosar. Un curioso paisano se coló entre los dirigentes de la mesa presidencial: Juan María Gallego Moreno, el hijo de María “La Pasionaria". Ella estaba entre la plebe, pero en primerísima fila.
A partir de ahí se nos fueron pidiendo más cantidades de dinero así como avales con las propiedades que cada uno había ido levantando a lo largo de toda su vida. Los que no pudimos reunirlas nos fuimos quedando atrás, sin el prometido trabajo y sin las diez mil pesetas, que era un dinero entonces.
Desde fuera fui enterándome que el número de socios iba descendiendo, y que los dos importadores de la idea tuvieron que irse de Lora. Juan María quedó al mando del proyecto. También recuerdo a Jesús Galafate en esta nueva etapa.
Unos terrenos en Lapetra sirvieron para dar el pistoletazo de salida. Pero los cientos y cientos de parados que iban a dejar de serlo se quedaron en muy pocas decenas.
Yo ya estaba en la Radio. Por las visitas que realizábamos a la fábrica, aquello no daba la impresión de ser la industria reveladora del maná. Al contrario. Cada vez que acudíamos a aquellas instalaciones era para pedir información por posibles ilegalidades contra la Hacienda Pública y la Seguridad Social y por denuncias efectuadas desde la oficina de recaudación de impuestos.
Era evidente que nuestra presencia allí no era muy bien acogida.
La “Ficus” dejaría de existir como Cooperativa para transformarse en otro tipo de sociedad, pero con los mismos dirigentes: Ficus Internacional Sociedad Anónima Laboral. Es curioso que, navegando por la mar de Internet, esa empresa sigue figurando en varias páginas. En una de ellas, asesor.com, aparece como “activa con impagos” y situada en el mismo Polígono Lapetra de antaño. También la recuerda la Diputación en varios Boletines Oficiales al no haber podido notificarle una Providencia de Apremio.
¿Sigue estando viva la Ficus?
En aquella otra de la que hablamos, más de una huelga y más de un incendio acabarían por enterrar la “gallina de los huevos de oro” que un día nos vendieron como la salvación a todos los problemas sociales, económicos e incluso culturales del pueblo.
Lo que hubiera detrás quedó en los silencios de quienes lo fraguaron y quienes lo gestionaron. Y alguien debería contarlo todo algún día, porque fueron muchos los deseos de desahogo económico y muchos los sueños de futuros tranquilos los que se esfumaron por la chimenea de la “Ficus” de Lora.
Una pena…

La Revista " ESTADIO "

Mayo 17th, 2008

Que el fútbol ha sido siempre una de mis más grandes pasiones ya ha quedado claro en mis artículos anteriores. De ahí que me ilusionara tanto jugar en el Lora Club de Fútbol y sentirme parte de un equipo en competición oficial.
Daba la espalda a mi discapacidad visual, incompatible con ese deseo. Me negaba a sentirme diferente y me esforzaba más que nadie por llegar a mi meta.
Así, me incorporé a los juveniles del Lora sobre el año 78 ó 79. Evidentemente no llegué a jugar ningún partido oficial, ni siquiera a ir convocado, muy a pesar de todos mis esfuerzos. Pero los entrenadores que tuve (Enrique-Emilio, Ricardo y Nicolás) supieron acertadamente situarme en una realidad que yo me negaba a admitir.
Cumplidos los dieciocho años me tuve que “retirar". Y fue entonces cuando Manolito “el de la Hermandad” me propuso formar parte de la Directiva del Club. Estuve con Antoñito Jiménez y con Luis Carrasco, pero, la verdad, no recuerdo con cuál de los dos comencé y con cuál acabé.
Yo era el que pregonaba los partidos del domingo por las calles, megáfono en ristre, bien desde el “Mini” de Luis o con el “4 Ele” de Antonio.
En 1980, con la ayuda de Pepe Carballo (¡como no!), Nicolás Navarro y Enrique-Emilio Gómez, puse en marcha la revista “Estadio", con unos medios realmente escasos.
La revista era quincenal, y la vendía yo mismo en los descansos de los partidos que jugaba el Lora en casa. Su precio: “la voluntad", había quien me daba un duro, y quien daba 20 pesetas. Y quien no daba nada. Alguna vez me ayudó en la venta Miguel Cabanillas.
Su contenido lo formaban las crónicas de los últimos partidos del Lora, sus escalafones inferiores, el Atlético Loreño, Laurus Balompié, las clasificaciones, algunas nociones de reglas, el campeonato de Fútbol-Sala recién instaurado, el balonmano, el baloncesto… No era poco para un proyecto que nació sin cimientos y sin ayuda económica.
Elaborábamos los clichés con máquinas de escribir en la oficina de Nicolás y los metíamos en la multicopista del colegio Miguel de Cervantes o de Reyes de España. Yo me llevaba todas las copias a mi casa, andando, con la caja a cuestas. Allí ordenaba los folios y los grapaba. Y el domingo me volvía a llevar la pesada caja andando o en bicicleta hasta el campo de fútbol.
Con el dinero que se recaudaba, que nunca cubría gastos ni de lejos, compraba los costosos botes de tinta y los folios.
El proyecto estaba abocado a su fin, muy a pesar de lo bueno de la idea y de la ilusión con la que yo lo hacía. Era el único medio de comunicación que había en toda Lora, eso y las hojillas de “El Ayuntamiento Informa". Nada más.
Lamentablemente, para los estudiosos del pasado futbolístico de este pueblo no parece que la revista “Estadio” haya tenido suficiente interés para que figure en la Historia, a pesar de haber coincidido con una de las épocas de mayor esplendor del fútbol en Lora del Río.
Que al menos este pequeño rincón de internet sirva para que su recuerdo no se pierda…