La Peseta

Octubre 3rd, 2008

“Mi peseta, mi peseta ¿dónde estará mi peseta que ahora vale tres reales…?", cantaban a dúo Juanito Valderrama y Dolores Abril por la depreciación de la moneda que reinaba en España desde 1968. Recuérdese que la peseta equivalía a cuatro reales.
Y es que, no me podrán negar, con la peseta nos entendíamos mejor, calculábamos mejor, conocíamos mejor nuestros límites económicos. ¿Se acuerdan del “Un, dos tres…, responda otra vez"? Exclamaba una secretaria muy mona de enormes gafas: “Son 10 respuestas acertadas, a 25 pesetas cada una ¡¡doscientas cincuenta pesetas!!", y el público se deshacía en aplausos por la cantidad tan grande que serviría de múltiplo en la ronda siguiente. Entonces, tener un millón de pesetas (6.000 euros) en el banco te suponía millonario. Y salir a la calle con 5000 pesetas era garantía de suficiencia ¿Cuánto te duran hoy 30 euros?
Todavía nos da por comparar los precios en euros y en pesetas. Hace sólo siete años, el gasoil estaba en 116 pesetas. El café con leche costaba veinte duros (cien pesetas), lo mismo que una cerveza. El paquete de Ducados (hasta que yo lo dejé de fumar hace diez años) costaba 200 pesetas y el Fortuna 275. Por una barra de pan se pagaban unas 45 pesetas ¿Seguimos? En 1980 la gasolina costaba 49 pesetas el litro (¡0,29 euros/litro!).
¿Se imaginan levantarse un día y encontrar todos los precios de hoy en su equivalente en pesetas? Llenar el depósito del coche le costaría 11.000 pesetas Un desayuno normalito 415 pesetas. Cenar con tu señora 10.000 pesetas. El cartón de Ducados: 4.400 pesetas. El pan para el día: 400 pesetas…
En el otro lado, en el de los ingresos, el trabajador que en el año 2000 ganaba 150.000 pesetas gana hoy 900 ó 1.000 euros (y no 1.500), a pesar de que el Salario Mínimo Interprofesional se situaba entonces en 70.000 pesetas (420 euros), y este año estaba en 600 euros (cien mil pesetas).
En definitiva, que los consumidores hemos perdido poder adquisitivo desde la entrada del euro. Para vivir ahora en igualdad de condiciones tenemos que gastar indiscutiblemente más.
Hoy sería impensable un “Un, dos, tres…” ofertando como regalo estrella un coche SIMCA-1200 de 3.000 euros.
El euro une a la Comunidad Europea, pero ensancha el agujero de nuestros bolsillos.
Y ahora, con lo de la crisis, es cuando más añoramos a nuestra vetusta “rubia": la peseta…

Mis lecturas favoritas

Septiembre 8th, 2008

Mi padre no sabía leer ni escribir. La época que le tocó vivir nunca le permitió saber de letras. Sólo sabía firmar con su nombre, que es también el mío. Y me enseñó a escribirlo. A partir de ahí fui engullendo palabras sueltas gracias a las foto-novelas de Corin Tellado que mis hermanas mayores compraban y cambiaban con sus amigas.
Una vez me llevó mi madre a la escuela de una “amiga", que era como se conocía a las maestras que daban clase en su propia casa. Luego comencé a ir con mi hermano Antonio a la escuela de D. Antonio “el bigote” (en la calle Marcos Orbaneja, si no recuerdo mal). Yo aún no sabía leer correctamente, pero me encantaba mirar los dibujos de la Enciclopedia Álvarez. Este libro, en distintos grados según la edad del estudiante, compartía las nociones básicas con política y religión, muy al uso de aquél tiempo. Por ello, nunca faltaron las lecciones dedicadas al “Caudillo", a las festividades patrióticas, los símbolos y las banderas, etc. Algunas obras destinadas a los jóvenes eran sólo una excusa para transmitir el espíritu del régimen (Nueva España, Flechas y Pelayos…).
De tanto practicar, cuando entré en el colegio público (Ramón y Cajal, en lo que fue Oficina de Empleo y hoy Centro Ocupacional) ya sabía leer, escribir y algo de cuentas. Fuera de la escuela mi pasión eran los “tebeos": El Guerrero del Antifaz, Tio Vivo, Mortadelo y Filemón, El Capitán Trueno, Jaimito, Pulgarcito, Din Dan, TBO…
Mis personajes favoritos eran Rompetechos, las Hermanas Gilda, Pepe Gotera y Otilio, Zipi y Zape, El Profesor Tragacanto y su clase que es de espanto, Súper López, Anacleto agente secreto, 13 rue del Percebe…
¡Qué recuerdos! La televisión nos cambió la vida, pero fue matando a estos personajes que palpitaban en nuestra imaginación. Para estar al tanto de los programas de la tele se compraba el “7 días", “Teleradio” o el incombustible “Teleprograma". No es que ayudaran a leer, pero sin duda sí a cultivarnos las series como Crónicas de un pueblo, Historias para no dormir, El Conde de Montecristo, Los Jinetes del Alba, Los Camioneros, Los Chiripitifláuticos…
Por otro lado estaba la Radio, que por entonces le ganaba la partida de popularidad a la tele. Las letras de las canciones más sonadas se publicaban en los “Cancioneros", unas revistillas que, al precio medio de un duro, te permitía aprender las canciones más de moda de artistas como Raphael, Los Brincos, Julio Iglesias, Cecilia, Juan Pardo, Camilo Sesto, Los Albas, Nino Bravo, Los Módulos…
Mi abuela materna era una gran aficionada al fútbol y a la prensa. Ella fue la que me contagió el interés por “La hoja del Lunes". Este era el único periódico autorizado a publicarse ese día de la semana, ya que el descanso dominical era obligado también en este sector.
Comencé con mi padre, y vuelvo a él, porque fue quien me regaló mi primer libro: “En las fronteras del Far West", de Emilio Salgari. Me lo compró estando en un cortijo, donde habíamos ido a la recolección de la aceituna. A mi hermano le encantaban las novelas de Marcial Lafuente Estefanía. Eran unos libros de bolsillo, pero que “enganchaban” bastante. De ahí salté a ese formato de novela en su versión de terror y ciencia ficción que, una vez leídas, cambiaba en el quiosco de Los Peques.
Lástima que ahora las “letras” que tengo que leer sean tan distintas y tan escasamente gozosas: la del televisor, la de la hipoteca, la del adsl…