EL TABACO

Enero 26th, 2009

(A Antonio Oliveros, pa que no desfallezca)

Cuentan los estudiosos que los primeros en fumar fueron los americanos de hace 8.000 años. Pero claro, hasta que Colón no llegó allí no nos enteramos de que el fumeterio existía. Y pocos años después ya se veían a muchos europeos fumando en pipas o cigarros artesanales. Pero aún estaba mal visto y estuvo prohibido fumar en público. Incluso el Papa Urbano VIII excomulgaba a los fumadores. Pero algo que dejaba buenos dividendos en forma de impuestos en las arcas de los gobiernos no podía estar mucho tiempo penalizado. Y, aunque los médicos franceses advirtieron en 1851 que el tabaco era un veneno, cada vez se hacía más extensivo. Tan fue así, que las grandes celebridades del cine vendieron el fumar como un arte ¡e incluso beneficioso para la salud! Hasta Los Picapiedra anunciaban marcas de tabaco. Había un anuncio en el que aparecía un niño pequeño que decía “Mamá, antes de reñirme fúmate un Marlboro”, y otro en el que un hombre le echaba el humo a una señorita sobre la frase “Échale el humo a la cara y te seguirá a todas partes”. Y qué me dicen de la clásica fórmula para ligar: “¿Tienes fuego?”.
Mientras, de forma callada pero cruel, millones de personas en el mundo mueren a causa del tabaquismo…
Cuando yo era chico, en los cortijos donde íbamos a la recogida de la aceituna, a falta de taberna y de televisor, los hombres se entretenían jugando a las cartas. Los cigarrillos sueltos eran la moneda de cambio. Se jugaba a las “siete y media” o a “los montones”. Las ganancias de mi padre las guardaba yo en una caja de zapatos. Era nuestro pequeño tesoro. Allí guardábamos, sobre todo, los Ideales, Celta ó Ducados. Y ya más cotizados eran los Winston o Fortuna.
Otros cigarrillos de aquellos años eran: Aguila, Cigarrillos 46, Cumbre, Coronas, BN, Sombra, Rex, Superiores, Goya, Rumbo, Condal, Especiales Emboquillados, Bisonte, Lola, Diana, Supremos…
Mi padre era un fumador empedernido. Esa tóxica afición provocó que le extirparan un pulmón cancerígeno. El tumor se extendería al pulmón sano, y acabó con su vida.
Yo comencé a fumar con 16 años, fruto de la moda. Al que no fumaba se le consideraba algo “raro”. Al principio era sólo un juego. Pero la costumbre se fue convirtiendo en adicción y, cuando quise darme cuenta, ya no me podía desenganchar.
Yo era de los que decían que el tabaco podía más que yo. Y llegué a afirmar que fumaba “porque me gustaba”.
En 1998, después de unos problemas de salud, decidí por décimo-enésima vez dejar el tabaco. Y al igual que en los demás intentos, a los diez minutos de haberlo dejado ya tenía ganas de encender un cigarrillo. Pero esta vez aguanté los diez minutos. Y cuando llevaba una hora sentí que podía dejarlo. Y cuando pasó un día creí que me rendiría, pero no me rendí. Y cuando pasó una semana me sentí orgulloso de mí mismo. Y cuando llevaba un mes, y dos, y tres. Y un año, y dos…, ya no decía “lo he dejado”. No. Ahora podía decir “YO NO FUMO”. Y ya van once años.
Hoy me alegra de que muchos de mis amigos de la niñez y la juventud vayan dejando ese mal hábito, unos con más voluntad que otros. Atrás quedaron anécdotas como aquel festival de la Radio Lora municipal que organizamos en 1983 en el colegio Ramón y Cajal. Ninguno tenía tabaco, pero tantas eran las ganas de fumar que envolvimos hojas secas de naranjos en papel de periódico y nos lo fumamos con placer. Fue Beltrán, el guitarrista, el que a las 6 de la mañana consiguió un cigarro de verdad e hicimos cola para darle caladitas. Esos recuerdos ya deben ser sólo eso: recuerdos. La salud propia y la de los que nos rodean es mucho más importante.
¡Malditos americanos de hace 8.000 años! ¡Ya podían haber inventado otra cosa!

LOS REYES

Enero 20th, 2009

Los regalos de Reyes van paralelos al cambio de la sociedad, de las costumbres, de la economía…
No quiero caer en el tópico de comparar los regalos de ayer con los de hoy, pero sí voy a repasar aquellas fantasías con las que los niños de los sesenta y setenta soñábamos noche sí y noche también.
Al final, los Reyes venían más o menos cargados, o simplemente venían o no venían, dependiendo de cómo les afectara la “desaceleración económica” de aquellos tiempos…
Alguna mañana de Reyes yo me desperté con esa ilusión con la que despiertan muy temprano los niños, pero al pie de mi cama no había nada. Ni había árbol de Navidad, ni Belén…, ni regalos. Los Reyes pasaron de largo y no se detuvieron en mi casa. Tal vez fuera que yo no me había portado bien, o que no le había escrito la carta porque aún no sabía leer ni escribir; sí, tal vez fuera eso…
Una de las veces se dejaron “veinte duros” para que yo mismo fuera a la juguetería de Juan Becerra, en Los Pisos, y me comprara lo que yo quisiera. Y “me eché” un pequeño fuerte del Oeste con el que me pasaba horas jugando.
En el navegador de los Reyes Magos aún no figuraba la ruta del barrio San José, o al menos mi casa no estaba en su callejero.
Cuando actualizaron su software, ya me llevaron un carrito tirado por un mulo de plástico, un futbolín, el Cine-Exin, el Exin Castillos, el Tente… Algún amanecer me sorprendieron en cualquier cortijo perdido por los montes de Jaén, y me dejaron sus presentes al lado de la vetusta chimenea.
No todos los niños teníamos televisor, pero sí coincidíamos en pedir los juguetes que salían por la tele en blanco y negro: el Scalextric, los Juegos Reunidos Geyper, el Xilomatic, el Ibertren, los juguetes Comansik (con sus espectaculares cajas), una bicicleta Orbea o BH…
Una paradoja que se llegó a dar: a algunos niños les echaban juguetes de los más deseados y más caros, pero sus padres no les dejaban jugar con ellos para que no los rompiesen. Esos Reyes debían ser los parientes agarrados de los de verdad.
Hoy, varias décadas después, yo disfruto ayudando a los Reyes a elegir los juguetes, a envolverlos, a colocarlos la noche mágica… Por mis venas corre el mismo cosquilleo que en mis hijos y mi nieto. Y disfruto tanto o más que ellos.
No hay mayor recompensa que verles las madrugadoras caritas ese 6 de enero. Ningún Rey, por muy Mago que sea, tendrá dinero en el mundo para poder pagar ese regalo que ellos me hacen con su ilusión…