¡¡ A PESETA, A PESETA !!

Abril 27th, 2009

Alguna vez, o más, hemos comentado algo sobre lo que costaban antes las cosas. Hoy vamos a echar una mirada atrás de lo que costaba una peseta, que para unos será simple anécdota, y para otros afianzará su valor…
De chiquillo yo compraba unos cochecitos de plástico de colores muy bonitos y que se prestaban a la imaginación de carreteras fluidas y de veloces bólidos. Costaban una peseta y eran asequibles para casi todos los bolsillos (aún había en los sesenta quien no podía pagar una peseta por un juguete).
Una peseta también costaban unos dardos de plástico con la punta metálica que clavábamos en cualquier parte, alguna vez hasta en nuestros amigos, para daño y dolor de él y regañina para nosotros.
Los chicles Cosmos, “los chicles negros”, suponían para nosotros una verdadera adicción al más puro estilo americano. Su color y su sabor a regaliz lo distinguían del resto de chicles del mercado como “Niña”, “Dunkin” o “Bazoka”.
El Chupa Chups no fue un invento americano, sino español. Al precio de una peseta nos daban un caramelo con palo que suponía una comodidad. Pronto el mundo entero se haría eco de este invento. Y otra golosina no menos popular fueron los Palotes, con su personaje Palín Palotes inundando portadas de libretas y camisetas. Y las pastillas de leche de burra (¡tres por una peseta!), las bolsas de quicos Churruca (para nada semejantes a los de ahora)… ¿Y los kikis? ¿Se acuerdan de aquellos pollitos de caramelo que tenían un palo? ¿Y el cucurucho de altramuces? También a peseta, y los vendían por las calles.
Los “indios”. Así llamábamos genéricamente a unos pequeños muñecos de un solo color que podían representar igual a un indio que a un vaquero, un soldado americano, alemanes, moros, cristianos, romanos, chinos, vikingos, espaciales… La imaginación al poder. Los críos construíamos verdaderas películas, diálogos incluidos, con estos diminutos personajes.
Una peseta costaba cambiar en el quiosco una novela del oeste de Marcial Lafuente Estefanía, o un Tebeo de El Capitán Trueno, El Guerrero del Antifaz, Din Dan, DDT, etc. Tú entregabas el que habías leído y lo cambiabas por otro, pero siempre que estuviese en buen estado.
Tijera en mano, y gracias a los recortables que comprabas a peseta, podías montar tu propio chalet de papel, un pueblo entero, o vestir una muñeca, cambiar de uniforme a un soldado…
La colección estelar por excelencia eran “Las Estampitas” (los cromos para los más rebuscados). Ganaban por goleada las de fútbol. Cada verano hacían furor entre la chiquillería masculina. Pero también coleccionábamos Vida y Color, Félix el amigo de los animales, etc.
En el quiosco también encontrábamos los “Sobres Sorpresa”. Yo recuerdo los primeros en bolsitas negras. La emoción de lo que te ibas a encontrar era suficiente aliciente para repetir con otro sobre.
Y es que ¡¡cuantísimas cosas nos daba una simple y rubia peseta!!
Me acuerdo que se contaba un chiste que decía que un tío vociferaba en la calle: “¡A peseta, a peseta!”, y que otro le preguntó “¿Qué vendes?”, a lo que el primero contestó: “Nada ¿pero a que es barato?”
Ese era el recuerdo de la peseta, la moneda que tantos años reinó en España y que hoy su valor ni siquiera alcanza el de un céntimo de euro…

VAMOS A CONTAR HISTORIAS

Marzo 17th, 2009

Cuando yo era chico, mi madre me decía que si no comía iba a venir “el Caco” y me iba a llevar, o que si me alejaba de casa me podía coger “el Tío del Saco”, me iba a sacar la sangre y arrojaría mi cuerpo al río ¡Yo me asustaba, y comía y no me alejaba de casa!
De mayor supe que no eran más que cuentos para niños… ¿o no?
El Tío del Saco cuentan que existió de verdad. Dicen que un hombre que padecía una extraña enfermedad acudió a una curandera para que aliviara su mal. La curandera le “recetó” beber sangre recién extraída de un niño y untarse el pecho con la grasa del crío. Para ello, un cómplice secuestró a un niño, lo metió en un saco y se lo llevó al campo. Allí le sacaron la sangre y la grasa.
Se cuenta también que hay desconocidos que secuestran a gente de cualquier edad para extraerle algún órgano, con el que luego trafican.
O que la Coca-Cola, basada en una fórmula secreta, sirve tanto para calmar la sed como para aflojar tornillos o limpiar las manchas de la ropa.
Yo oía historias de supersticiones que aún hoy se siguen repitiendo, como que derramar la sal o pasar por debajo de una escalera eran signos de mala suerte. En la antigüedad, la sal era considerada un preciado bien y representaba riqueza, de ahí que derramarla significaba pérdidas. En cuanto a lo de la escalera, ésta forma un triángulo con el suelo y la pared y cruzarla por debajo era como atentar contra la Trinidad o desafiar a las fuerzas del Mal.
La Buena Suerte venía, decían los mayores, si te encontrabas una herradura. Ya los caballos no suelen ir por las calles como antaño, así que lo de las herraduras va quedando en desuso. Más símbolos de la Buena Suerte eran, por ejemplo: tener una pata de conejo, que te pique la palma de la mano derecha (si es la izquierda es señal de la mala suerte), pasar un décimo de Lotería (o un Cupón) por la espalda de un jorobado o el vientre de una embarazada…
¿Saben por qué se velan a los muertos? Decían que si se deja solo al muerto antes de ser enterrado, el Diablo vendrá y se lo llevará. Por eso su cuerpo debe estar siempre acompañado. Los romanos, antes de meterlos en la pira funeraria, hacían sonar fuertemente las trompetas, si el muerto no despertaba es que estaba realmente muerto. Esa es otra razón popular por la que se velan a los difuntos, que pueden despertar en cualquier momento…
Mi padre, en aquellas largas noches invernales sin televisión en los cortijos, contaba historias que me dejaban prendido. Narraba cómo al vecino de un amigo de un conocido se le apareció una “sombra” y le condujo hasta un lugar en el campo donde había enterrada una olla de oro. O que un primo de un amigo de un familiar lejano se había encontrado un ojo en la carne…
¿Qué hay de verdad en todas esas historias? ¿Qué de imaginación?
Como diría alguien: antes de seguir, miren hacia atrás, por si acaso…