La Primera Comunión

Mayo 29th, 2007

Me han dicho tres personas que me leen. Y eso es todo un orgullo para mí, porque al menos sé que no escribo las cosas que escribo para que mueran en un rincón de internet, sino que las comparto con alguien al otro lado de la red gracias a loradelrio.net.
A los que me lean (sean tres o tres mil), quiero dedicarles hoy esta columna:

“LA PRIMERA COMUNIÓN”

Si no me equivoco, yo haría la Primera Comunión en 1972 ó 73, o sea, con diez u once años de edad.
Los que la habían hecho antes que los de mi generación iban vestidos de marinero o de militares (era lo que se estilaba, estábamos aún viviendo el franquismo).
El año que nos tocó a nosotros no hubo ni marineros ni trajes de novia en las niñas. No sé si los prohibieron o “recomendaron” que no se empleara tal vestimenta en un intento por igualar a las clases sociales. Al menos en la Santa Cruz. No sé en otros lugares más tradicionales como La Asunción.
Yo iba vestido con una camisa blanca de manga larga, con corbata y pantalón corto. Y llevaba puesta una cruz que aún creo que conserva mi madre.
La Parroquia de la Santa Cruz no era sino el origen de lo que es hoy ese templo. La catequesis la dábamos en la que era mi escuela (el edificio actual del Centro Ocupacional, frente a la Cruz de Caganche). La iglesia era solamente el salón parroquial que hay a la izquierda.
Como no cabía tanto niño y tanto familiar en tan pequeño espacio, la ceremonia se realizó en el patio (el terreno que hoy ocupa el templo), al aire libre.
Era un día tremendamente caluroso, pero los niños estábamos tan ilusionados que poco nos importaba eso.
Después de la ceremonia y de la foto ancá Montes, venía el reparto de las estampitas para recaudar fondos.
Los niños de mi barrio íbamos puerta a puerta entregando las estampas y nos daban (fíjate) hasta monedas de dos reales, de diez reales, gordas y perras chicas, y algún duro. Pero la moneda más repetida era la peseta rubia con el retrato de Franco. Un vecino me llegó a dar ¡un billete de veinte duros! ¡Madre mía, yo era medio rico!
En fin, poco más dio de sí mi Primera Comunión, si acaso el recuerdo de los críos en los días siguientes a ese. Pero nada de celebraciones al estilo de hoy, con tanto banquete y tanto lujo, tanto compromiso y tanto derroche.
Aquello iba acorde con la época en que vivíamos. Porque, al fin y al cabo, el que era pobre seguiría siendo pobre por muy marinero que se luciera, y el rico seguiría criándose rico por mucho pantalón corto que se pusiera.
En eso hemos cambiado poco…

Las COLAS

Mayo 3rd, 2007

Por definición, cola significa “Hilera de personas que esperan vez “, ó “Esperar vez, formando hilera con muchas personas, para poder entrar en una parte o acercarse a un lugar con algún objeto".
Pues de eso les voy a hablar, si me lo permiten, de aquellas colas que sufríamos hace años en Lora.
Y las primeras colas eran las de los alumnos en el patio del colegio aguardando la entrada en orden a clase. Pero ya imaginarán que niños y niñas estábamos en filas distintas y en patios separados.
Otra cola célebre era la del médico en el ambulatorio que había en el Barrio del Pozo, donde estaba el bar La Casona, frente a lo que ha sido ambulatorio estas últimas décadas.
Y cola, la del botijo. En el Cine de Enmedio (en la calle San Sebastián), en los descansos de las películas nos apiñábamos los críos que no teníamos para otro refresco y, por una peseta el buche, podías beber del búcaro cuanta agua pudieras tragar de una sola vez sin ahogarte.
Eso era en verano. En invierno, las criaturas diminutas hacíamos cola, larguísimas colas, las tardes de los domingos para asistir a la función infantil de cine… Bueno, el concepto de “infantil” no era el mismo que puede ser hoy. De hecho, no pocas veces nos ponían películas de artes marciales de Bruce Lee (Brus Lí) y la chiquillería salía de la sala pegando patadas a todo lo que no se moviera. Es de destacar que, alguna vez, la cola del Teatro Cine Goya podía llegar perfectamente hasta la entrada a la calle Rastro (o, más popular, Calle del Cine).
Recuerdo en Lora las colas insomnes para pagar los sellos agrícolas. La gente pasaba la noche frente al edificio de la Hermandad de Labradores para pagar los sellos. Pero su odisea tenía continuación a las puertas del INEM (o la Oficina de Desempleo, como le decían muchos) para echar los papeles del paro, o a las puertas de los bancos para cobrar cada mes. E incluso, las colas se repetían en los tajos del entonces llamado “paro obrero", y para pesar las sacas de algodón en la época de recolección.
Una estampa ya diluida en el tiempo era la de las mujeres haciendo cola en los vivos puestos de la Plaza de Abastos, donde los tenderos pregonaban a voz limpia sus más exquisitos productos…
Otra cola famosa para los loreños, aunque no estuviese en Lora, era la del Carné de Identidad. Tenías que madrugar para coger el primer tren de la mañana, irte hasta la Comisaría de Policía en la Plaza de la Gavidia en Sevilla, aún de noche, y sumarte a la barbaridad de gente que, para esa hora, ya esperaba su turno en la calle.
Estoy hablando de colas en los años setenta y principios de los ochenta. Pero antes y después también las ha habido (y habrá) tan recordadas como las que hemos indicado. Y seguro que a quien lea esto se le vendrá a la memoria alguna que no hemos citado.
Al menos habremos conseguido despertar sus recuerdos. Gracias por leernos…