Otros juegos de la Calle

Noviembre 3rd, 2007

Ya resulta un poco aburrido por tan repetido eso de que antes había muchos juegos en la calle y que hoy los niños no salen de la pley-esteichon. Los tiempos son los que son y cambian porque todo en la vida tiene que cambiar, por muy buenos recuerdos que ésta nos haya dejado.
Pero vayamos a lo nuestro, que no es sino repasar algunas vivencias como si de un retrato se tratara. Nada más.
Y por ello nos vamos a dedicar hoy a aquellos otros juegos (sólo de los que yo me acuerdo), que no eran el fútbol y el fútbol. A saber:
EL DIÁBOLO: Ese artilugio formado por dos conos invertidos y que se lanzaba hacia arriba con una cuerda sujetada con ambas manos.
CARNE: Unos niños se inclinaban agarrados unos a otros mientras los del otro equipo saltaban encima hasta que los de abajo ya no soportaban más el peso y caían.
BOTE - BOTE: Con una simple botella vacía (de refresco, de lejía, etc.), el que “la quedaba” tenía que taparse los ojos mientras los demás se escondían. Al acabar la cuenta tenía que encontrar a los demás. Si veía a alguno tenía que correr hacia donde estaba el bote y gritar “bote bote por (el nombre de quien fuera)". Si era el escondido el que llegaba antes se “salvaba” y podía esconderse otra vez.
PIOLA: No sé dónde leí que a este juego le llamaron “pídola". Un término tan cursi no cabía en nuestra jerga. Era tan sencillo como que uno se agachaba y otro saltaba por encima apoyándose en su espalda.
LA LIMA: Se jugaba, claro está, con una lima (o, en su defecto, un hierro puntiagudo) que debía quedar bien clavada en el suelo. Para ello se dibujaba una figura dividida en varios cuadros que era donde el jugador debía ir clavando la lima. Si ésta no clavaba bien y caía o la clavaba fuera del cuadro, perdía el juego.
EL TRIÁNGULO: Se dibujaba un triángulo en el suelo donde se introducían cromos o estampitas. Luego, con una tángana (ahora hablamos de ella) se tenían que desplazar completamente fuera de la figura y ya eran de tu propiedad. También se jugaba con canicas o con chapas.
LA TÁNGANA: Originalmente era un juego de niñas. En el suelo (de tierra o cemento) se dibujaban unos cuadros numerados. La tángana era una pieza plana de piedra, de hierro o de cualquier otro material que se pudiera desplazar con facilidad. Esta pieza se tiraba con una mano al interior de uno de los cuadros y luego se tenía que ir pasando de un cuadro a otro con un pie mientras el otro permanecía suspendido en el aire. Si te salías de los cuadros con la tángana o ponías el otro pie en el suelo, habías perdido.
EL LATIGO: Los niños, cogidos de la mano, debían ir atrapando a otros jugadores, quienes se unían a la cadena humana.
EL AGUJERO: Nosotros le decíamos “er buhero", y no era más que un pequeño agujero en el suelo donde tenían que entrar los platillos (tapones de botellas aplastados en forma de monedas grandes) lanzados desde una cierta distancia. Más en serio se jugaba con monedas de peseta o de duro (cinco pesetas).
EL TROMPO: Cuentan que ya los romanos practicaban este juego. Consistía en hacer girar una pieza de madera dura en forma de cono acabada en un punta de metal. Para ello hay que enrollar una cuerda (o guita, que las cogíamos de las que servían para amarrar las sacas de algodón) desde la punta hasta la parte más gruesa y lanzarlo contra el suelo. Los trompos grandes eran “trompas". Ya existía el tunning de los trompos.
PIES QUIETOS: Se pintaba en el suelo un círculo dentro del cual se situaba un jugador con un balón en las manos. Este lanzaba el balón hacia arriba, nombrando a alguno de los jugadores que le rodeaban. El jugador nombrado debía recoger el balón antes de que botara en el suelo y los demás jugadores debían alejarse del círculo lo más lejos posible. Cuando el jugador nombrado recogía el balón gritaba “¡pies quietos!” y los demás no podían moverse más. El jugador que tenía el balón daba tres zancadas seguidas para acercarse a un niño por él elegido y lanzaba el balón intentado tocarlo para eliminarlo.

Ni que decir tiene que los juegos de los niños eran de niños y los de las niñas eran sólo de niñas. Y el niño que jugaba a los de niñas era mariquita, y la niña que jugaba a los de niños era una machorra.

Sé que quedan muchos más juegos, seguro que se acuerdan del Yo-Yó, El Corro, La Cuerda, El Escondite, La Comba, El Pañuelo, El Pillar, El Elástico (o “lastiquillo"), Los Zancos (con latas), El Aro, La Cadena… Pero creo que los aquí expuestos son ya una buena muestra de cómo jugábamos los niños y niñas de mi generación. No hacían falta grandes elementos, a veces nada. Estos juegos potenciaban la imaginación, la destreza, la puntería, la forma física, la fuerza… y el trabajo en equipo.

Mañana, alguien se acordará de juegos como la gueimboy o la pley-esteichon y elevará un suspiro de nostalgia, como nosotros lo hemos hecho ahora al recordar los juegos de nuestra niñez…

Dichos y Costumbres

Septiembre 14th, 2007

La época que me tocó vivir en el barrio de San José fue económicamente dura. Por ese motivo, los niños con posibilidades de convertirse en mano de obra pronto dejaban la escuela. Así, la cultura iba a la par que la economía.

Pero había cosas que todos los habitantes del barrio conocían aun sin haber abierto un libro en su vida. Pongamos ejemplos:

“El Calistro o Acalistro": Era un lugar a las puertas de una huerta que estaba presidida por un enorme eucalipto. A sus pies solía ir la chavalería a pelotear o jugar a la lima. Pero también servía como lugar de duelos y peleas tanto para niños y como para adultos (padres de familia inclusive). En este caso, allí sólo podían ir los que fueran a intervenir en la pelea, los mirones se quedaban alejados. No eran, sin embargo, muy frecuentes.

“Está en Lora": Cuando alguien salía del barrio e iba al pueblo, se solía decir que había ido “a Lora", como si San José no fuese parte misma.

“¡¡Niñooooo!": Los teléfonos móviles sólo existían en la ficción de Star Trek. Por eso, cuando las madres tenían que llamar a sus hijos se asomaban a la puerta de la calle y gritaban el nombre o mote del chaval. Éste, si estaba dentro del barrio lo oía seguro, y si no estaba se podía preparar para la regañina por no haber contestado.

“Me quedo… por ahora": Los críos juntábamos estampitas de lo que estuviera de moda (hoy parece que se está recuperando la costumbre). Las “repes” nos las cambiábamos o nos las jugábamos a las cartas, en el suelo de cualquier acera, a “las 21 y media", es decir, con las cartas que tuvieras no podías tener más de esa puntuación, pero sí lo más cerca posible. Pues para dar la oportunidad de poder volver a apostar dentro de la misma jugada, nos inventamos lo de “me quedo por ahora", lo que significaba que podías volver a apostar en otra ronda, hasta que dijeras “me quedo pa siempre", o sea, que ya no había marcha atrás.

“La berlinga” (vulgo behlinga"): Según la RAE es “Palo hincado en el suelo, desde el cual se ata a otro semejante un cordel o soga para tender ropa al sol y para otros usos". Para nosotros eran postes de madera apoyados en otro igual sobre los que se sujetaban los cables eléctricos, y también lugares de encuentro: “te espero en la berlinga de arriba".

“El tranformadó de la lú": A pocos metros de la entrada al barrio está el transformador eléctrico. No sería nada extraordinario si no fuera porque se decía entonces que allí murió electrocutado un tal Coca y que su cuerpo permanecía dentro carbonizado.

Y aquí lo vamos a dejar. Otro día añadiremos más dichos y costumbres de aquella parte de Lora que de niño yo conocí…